domingo, 3 de junio de 2007

See no Evil, hear no evil, speak no evil.




Uno de los principales problemas que confronto como un autocuestionamiento cuando el reloj me dice que es hora de poner algo en el diario de musitaciones públicas es:

¿Qué utilidad tiene lo que aquí pueda dejar asentado? ¿De qué sirve que despotrique contra lo que son inercias sociales tan descomunales, tan perfectamente integradas en cada uno de nosotros?

La mayor parte de las decisiones que se constituirán en los desplomes de nuestro futuro inmediato se tomaron muchos años atrás. Son procesos en marcha que están amarrados en las relaciones sociales, de poder, de producción. La necesidad de abandonar el paradigma de la cornucopia mexicana es lógica, es urgente, pero solo sucederá cuando la realidad lo imponga. La política es incapaz de generar la matriz de consensos que detuviera la marcha inexorable al precipicio. Desde esta premisa… ¿Para qué seguir escribiendo?

Ningún político mexicano en ningún color del espectro ideológico puede ya, sin mentir a sabiendas o no, prometer futuros de mayor consumo o de ingresos a paraísos primermundistas. Esa posibilidad quedó aniquilada hace mucho tiempo ya. Ni siquiera puede ofrecer un futuro que se parezca a lo que hoy tenemos. Para todo efecto práctico estos años son y fueron los de mayor abundancia y exuberancia en nuestra cultura y civilización. El peso demográfico sobre nuestro territorio es parte de una fría ecuación que no solo nos impide “avanzar” tal como lo entienden nuestros conciudadanos, aferrados como borracho a su poste a la idea de un mítico “progreso” en donde se repartiría una ya inexistente riqueza que pudiese sustentar las actuales ideas de un “Que en el cielo tu eterno destino por el dedo de Dios escribió.”

Ciertamente que la cultura mexicana, su civilización, no penden exclusivamente del sueño de la industrialización y del progreso entendido como la construcción de un centro comercial que abarcase medio territorio nacional, la otra mitad dedicada a carreteras a doble o triple piso y estacionamientos. Pero el imaginario mexicano se encuentra repleto de fantasmas inalcanzables y que hoy en día son cada vez más distantes. A los mexicanos se les olvidó hace mucho tiempo que primero son mexicanos gracias al suelo que pisan, que ellos pertenecen a la tierra, no la tierra a ellos. Este olvido es natural. Tenemos una generación entera que no tiene idea de lo que es la siembra y la cosecha. Una generación completa que ve la comida llegar a la mesa sin tener al alcance un referente aunque sea remoto, de cómo llegó esa comida ahí. De lo que realmente cuesta poner ese plato en la mesa.

El 90% de la comida tiene como insumo en su producción a los combustibles fósiles, Carbón, Gas Natural, Petróleo… Una ensalada viaja no menos de 800km para llegar a la mesa en la que se ha de consumir: Más calorías se gastaron en hacerla presentable para esa mesa que las que ofrece como alimento. México como nación estado, el conjunto de su población no se percataron de la trampa en la que habían caído al adquirir una muleta alimenticia en sus exportaciones petroleras. Sin miedo a exagerar, la totalidad del crecimiento económico de este país se sostiene en un pilar que a lo largo de esta década se hará mas y mas estrecho. Todo ese crecimiento económico se esfumará, será “devuelto” a la capacidad de carga restante del país que, sin petróleo, será una minúscula fracción de la actual.

Este conocimiento de la decadencia del proyecto de “progreso” mexicano con frecuencia es intuido por las personas sensibles y bien leídas. Pero no queda asentado en ninguna parte por varias razones. Enumero dos que me llaman la atención: Dar acuse de recibo de esta realidad demandaría una agonizante decisión ética de rebelarse al actual paradigma. Rebelarse cuando ninguna voz con autoridad se ha levantado para decir que es hora de asumir las consecuencias de las decisiones tomadas por generaciones pasadas. Enunciarlo públicamente puede equivaler (casi con certeza, digo yo) al exilio de lo social.

El Sr. Carlos Slim, Cada vez más en posesión de su papel de líder de la sociedad mexicana le roba el discurso a la presidencia y atisba en el horizonte crecimientos del PDB del 5%. ¿Cómo intentar contradecir públicamente lo dicho por uno de los hombres más ricos del planeta? Si Slim lo dijo es porque él ha de tener datos e inteligencia que el común de los mortales no tenemos al alcance… o simplemente miente… Mentiras piadosas para alargar la hebra de la paciencia de todos los que esperan que el milagro mexicano los toque como lo tocaron a él. Crecer 5% anual durante 14 años significaría construir tanta infraestructura como se construyó desde que se fundó México, significaría duplicar nuestro consumo petrolero a la par de mantener o acrecentar las exportaciones petroleras. Significaría que alguien le prometió a Slim encontrar otros tres yacimientos del tamaño de Cantarell o uno del tamaño de Ghawar. En arabia Saudí. Prometer un 5% anual es prometer una escalera al cielo. El país no solo no da para crecer ese mítico 5%, ni siquiera podrá sostener durante este sexenio el actual nivel de actividad económica. Entramos en una larga contracción maquillada desde los sectores financieros, el pastel mexicano se encoge y cada día su repartición es más desigual. Sin embargo, en igualdad de condiciones a Slim le creerían. A quienes hablan del final de la cornucopia, se les ignoraría olímpicamente. No es cuestión de datos. Los datos avalan lo que digo, es cuestión de “A quien conviene creer”.

Este México, en 10 años, verá duplicarse la miseria y la hambruna, este país no podrá importar los alimentos que requiere… No tendrá moneda con la cual competir contra los monopolios que tienen firmes en su poder las fuentes energéticas alrededor del mundo. Dependemos de nuestro petróleo para comer… y el petróleo lo estamos despilfarrando en el interior una mitad y regalando al exterior la otra para aportar nuestro actual 2.3% al paquete global de petróleo exportado para sostener el gran imperio kakistócrata del norte. Le hemos robado la comida a nuestro futuro, al propio, y al de los pocos hijos que sobrevivan.

Sin embargo aunque en 20 años solo queden 20 millones de mexicanos -10 mas, 10 menos, quien lo sabe con precisión- México seguirá ahí, su historia no desaparecerá y sus tradiciones seguirán siendo heredades de generación en generación hasta llegar al número sostenible por nuestro territorio, el territorio al que pertenecemos.

Pero para que esto suceda, más personas deben de dar la voz de alerta. Comienza la era del gran deterioro y solo con un cambio de paradigma, del económico al ecológico podrá rescatarse lo sano de esta cultura. Creo que la búsqueda de culpables es un ejercicio que alguien inevitablemente se asignará a sí mismo, la naturaleza humana necesita de sus chivos expiatorios como el católico necesita del bautismo. Pero la red de acciones que nos llevaron al actual predicamento se extiende a centenas de miles de personas a lo largo de los últimos 100 años de nuestra historia. Demasiados hitos en donde la ignorancia o la codicia le ganaron la partida al altruismo y la abnegación.

“En las riveras del Volga en 1921 una comunidad de refugiados fue visitada por un corresponsal norteamericano que estaba escribiendo reportajes sobre la hambruna rusa. Más de la mitad de esa población ya había muerto por la falta de alimentos, la tasa de mortandad se incrementaba, aquellos que aun sobrevivían no tenían ninguna esperanza de llegar a viejos. En un campo adyacente, un soldado solitario montaba guardia sobre un enorme apiñamiento de sacos de trigo. El reportero norteamericano le preguntó al patriarca de la comunidad porqué la comunidad no había ido en masa a desarmar al soldado y tomado los sacos de grano. El viejo y honorable patriarca respondió explicando que los sacos contenían las semillas a ser plantadas para la próxima cosecha, “no nos comemos el futuro” dijo.”

A pesar de lo que se pueda uno esconder frente a los hechos cumplidos del “progreso”. Este progreso insostenible y cuyo desenlace final en el precipicio tomará por sorpresa a la mayoría; queda algo por decir: Sí hay opciones. Todas dolorosas, ninguna ruta lleva al paraíso terrenal. el proceso de desindustrialización y de contracción demográfica será inexorable; muy probablemente violento, Pero se puede comenzar el rescate de lo nacional, buscando salvaguardar el mínimo del territorio que nos da sustento, corriendo la voz: ha llegado el fin de la etapa exuberante de la historia humana. La anomalía de los últimos doscientos años está a punto de finalizar. En cosas que atañen a los seres humanos, rara vez se puede trazar una impecable curva geométrica para describir una transición de eras, generalmente hay puntos de inflexión súbitos en donde interviene el “libre albedrío” de una decisión, un accidente, un incidente que precipita un nuevo curso. Son puntos caóticos inescapables dado lo azarosa que es la vida.

Pero hoy, México, a no más de cinco años de extinguir su potencial exportador petrolero, dependiendo en un 70% de combustibles fósiles para generar su electricidad (red que sostiene el concepto de lo “moderno”) escucha embelesado a un presidente que promete convertir a México en el "nuevo país del automóvil".

La gran mayoría de los clasemedieros urbanos mexicanos –Y buena parte de los agrarios, habría que añadir- deseamos que el presidente tenga éxito en sus despropósito. Que su fórmula de progreso (retrasada en más de 70 años y esencialmente genocida), se cumpla.

No encuentro culpables… Pero tampoco inocentes. El problema rebasa los parámetros con los que se enjuicia un delito, va directo a los reflejos íntimos del condicionamiento social colectivo que nos imponemos todos los días. Pero eso sí: es un buen comienzo admitirlo: Somos los peores enemigos de nuestros hijos y de nuestros nietos… Ya les robamos el pan que les tocaría, la última vez que llenamos el tanque de gasolina. Nos comimos y nos bebimos el futuro en una gran francachela.

Sobre el muerto las coronas… ¿Quien va a construir las arcas para rescatar lo rescatable?

De poco sirve escribir, pero de nada sirve callar.

La sabiduría de los simpáticos monos del templo de Nikko en Japón todavía me resulta misteriosa.

Claro que para llegar a estas muy condensadas ideas que presento arriba tuve que pasar por la lectura de uno que otro libraco y artículo sobre los temas de población, capacidad de carga, sobrecarga, sostenibilidad etc... Espero que le pique la curiosidad a uno que otro profundizar en el tema. Las lecturas que resultarían mas pertinentes para darle "cuerpo académico" a lo escrito arriba las enumero aquí:

Antes que nada: las tablas de "producción" petrolera de

http://www.sener.gob.mx


que muestran claramente un pico de producción en junio-agosto de 2004 y una caída aún leve de approx4% anual desde entonces. hemos dejado atrás lo mejor de nuestros dias de país petrolero y los cada día menos barriles que extraigamos del subsuelo nos resultarán progresivamente mas costosos.

http://www.theoildrum.com/story/2006/3/6/135437/7111

De este vínculo, no desperdiciaría ninguna de las réplicas... Entresaco este párrafo pertinente a mi diatriba:

"The Olduvai Theory shows us something very simple, without renewable energy sources our modern way of life will end some time in the future. I'm an optimist and I believe we can drive away from the road to Olduvai. We can do it by controlling population or by using other forms of energy like Solar and Wind. Of course Oil will be hard to replace, but maybe cellulosic ethanol or something like it can help us in the long run.

Duncan introduced a very important concept, energy per capita, a measure of our Civilization. It's something that let us get a better understanding of the place Energy has in our life, and how can it affect our Future.

From the Olduvai Theory we learned that modeling resource depletion is also modeling population, and that there is a strong link between the two."

http://www.hubbertpeak.com/duncan/road2olduvai.pdf

http://www.dieoff.com/page199.htm

De este último me gusta el siguiente párrafo:

"Whereas the link between economics and demographics has been endlessly debated, it is very difficult to find anything in demographic literature relating population to energy supply or energy consumption.

In each index of three well-known books on British Population History (Anderson, Tranter, Wrigley and Schofield) there is not one entry for ‘coal’, ‘energy’ or ‘oil’. (There is one entry on ‘coalmining communities’ in Anderson regarding an issue not relevant to this study.) In the index of Wrigley and Schofield’s seminal 700-odd page ‘Population History of England’ there is not one listing for either coal or energy. Yet clearly without coal the population history of England would have been very different

The index of Livi-Bacci’s A Concise History of World Population contains no entries for ‘coal’ or ‘oil’. ‘Energy’ has two listings but in neither case is energy consumption or production linked to population growth. Livi-Bacci, like so many others, attempts to relate population growth to economic growth (ignoring energy) but even then abandons “any attempt to determine a causal relationship between population and economy”

y por supuesto Este:

http://www.dieoff.com/page15.htm

The phrase "detritus ecosystem" was, of course, not widely familiar. The fact that "bloom" and "crash" cycles were common among organisms that depend on exhaustible accumulations of dead organic matter for their sustenance was not widely known. It is therefore understandable that people welcomed ways of becoming colossal, not recognizing as a kind of detritus the transformed organic remains called "fossil fuels," and not noticing that Homo colossus was in fact a detritovore, subject to the risk of crashing as a consequence of blooming.

Bloom and crash constitute a special kind of sere; certain kinds of populations in certain kinds of circumstances typically experience these two seral stages—irruption followed by die-off. Crash can be thought of as an abrupt instance of "succession with no apparent successor." As in ordinary succession, the biotic community has changed its habitat by using it, and has become (much) less viable in the changed environment. If, after the crash, the environment can recover from the resource depletion inflicted by an irrupting species, then a new increase of numbers may occur and make that species "its own successor." Hence there are cycles of irruption and die-off (among species as different as rodents, insects, algae). Our own species' uniqueness cannot be counted upon as protection. Moreover, some of the resources we use cannot recover. [13]

When yeast cells are introduced into a wine vat, as noted in Chapter 6, they find their "New World" (the moist, sugar-laden fruit mash) abundantly endowed with the resources they need for exuberant growth. But as their population responds explosively to this magnificent circumstance, the accumulation of their own fermentation products makes life increasingly difficult—and, if we indulge in a little anthropomorphic thinking about their plight, miserable. Eventually, the microscopic inhabitants of this artificially prepared detritus ecosystem all die. To be anthropomorphic again, the coroner's reports would have to say that they died of self-inflicted pollution: the fermentation products.

Nature treated human beings as winemakers treat the yeast cells, by endowing our world (especially Europe's New World) with abundant but exhaustible resources. People promptly responded to this circumstance as the yeast cells respond to the conditions they find when put into the wine vat.

When the earth's deposits of fossil fuels and mineral resources were being laid down, Homo sapiens had not yet been prepared by evolution to take advantage of them. As soon as technology made it possible for mankind to do so, people eagerly (and without foreseeing the ultimate consequences) shifted to a high-energy way of life. Man became, in effect, a detritovore, Homo colossus. Our species bloomed, and now we must expect crash (of some sort) as the natural sequel. What form our crash may take remains to be considered in the concluding section.

One thing that kept us from seeing all this, and enabled us to rush exuberantly into niches that had to be temporary, was our ability to give ideological legitimation to occupations that made no sense ecologically. When General Eisenhower, as retiring president, warned the American people to beware of unwarranted influence wielded by the military-industrial complex, [14] it was presumably political and economic influence that he had in mind. But the military-industrial complex was a vast conglomeration of occupational niches. As such, it wielded an altogether different (and even more insidious) kind of influence. The military-industrial complex helped perpetuate the illusion that we still had a carrying capacity surplus; it made it profitable for the living generation to extract and use up natural resources that might otherwise have been left for posterity. It absorbed for a while most of the excess labor force displaced by technological progress from older occupational niches that had been less dependent on drawing down reservoirs of exhaustible resources. It thus helped us believe that the Age of Exuberance could go on.

En fin, continuaremos...



1 comentario:

Federico de la Puente dijo...

Hola! Hice click en el boton de siguiente y cai en tu blog...
Bueno es cuestionarse... hasta el mas minimo detalle... ¿por que son las 1.49 de la mañana y yo le escribo a un desconocido?... porque lo difruto... porque lo elijo y ya... ¿nihilista?... puede ser..

un gusto haber pasado x tu espacio...

saludos
federico.